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Hoy, mientras caminaba con mi amigo en la alameda de Bellas Artes, conocimos a Julieta, una mujer que tiene mucho que decir y enseñar. El paso del tiempo no ha hecho merma en su lucidez, intelecto, vivacidad y capacidad de aprendizaje. Nos ilustró y sembró dudas en nosotros — al parecer ese era su cometido — todo con humildad, sin pretensión y con mucho buen humor. Así como ella recuerda fielmente ciertos momentos de su juventud, yo quisiera recordar su intervención del día de hoy, 29 de diciembre de 2021, en la alameda de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Palacio de Bellas Artes building with orange dome and people in surrounding park
Tarde soleada, la alameda, Bellas Artes. Bella es la vida.

«Nada humano me es ajeno»

Ella dijo “nada humano me es ajeno” y algo así como que el presente es un pasado perpetuo. Al igual que yo, y que muchos, también ama la música; por la mañana escuchó “Palomita de barro” y seguramente experimentó el mismo sentimiento que yo cuando escuché “Aroma a nostalgia” de Daniel Quién. Considera que debemos ir en contra de la neutralidad, inclinarnos por uno u otro bando, pues quienes permanecen neutrales durante las crisis son más propensos a favorecer al opresor. Su mensaje fue claro: somos individualistas, no pensamos como manada, ni en el futuro, el bien de la humanidad, la justicia o la deconstrucción. Sin embargo, podemos elegir empezar a hacerlo, comenzar a crear un cambio. Creo que indirectamente quiso decirnos que si lo puedes imaginar, lo puedes crear. Julieta entiende ese miedo de las juventudes a tener hijos, pero piensa en una utopía, en esa imagen que puede servirnos de guía.

Virtudes, horrores y primeros amores

Ella dice que no es mujer, no se considera fémina porque según la etimología, la fémina es la que no tiene fe ni virtudes. Eso sí, ella se considera ¡Guadalupana Marxista! Julieta ha visto y vivido muchas cosas; presenció ocho homicidios en un año, en uno de los tantos barrios bajos en los que le ha tocado vivir. Aún recuerda vívidamente el día en que, camino a la secundaria, se encontró a un greñudo en el camión con Las flores del mal bajo el brazo. Recuerda lo hechizada que quedó al verlo y cómo ávidamente buscaba ver la parte restante de su cara. Ese día decidió llegar tarde a clases solo para seguir al chico que se había bajado del camión, pero lo perdió para siempre. Después de esa vivencia quiso inmortalizar el momento en un poema que nunca escribió, inspirado en Las flores del mal, el cual nos declamó en vivo — bellísimo, por cierto — más bello aún porque para ese entonces ella no había leído el libro. Piensa que seguramente Baudelaire estaría feliz con el resultado; Saúl y yo creemos lo mismo.

Ahí va, la mujer con sombrero…

Julieta insistió en que leyéramos en la brigada de Leer en libertad, en que participáramos en pláticas sobre el feminismo y las nuevas masculinidades. Y así se fue. En algún lugar de la ciudad va la mujer, que no es fémina, con su sombrero, chaqueta roja y mochila al hombro.

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